El escultismo, es un maravilloso modo de vida que abarca muchos, por no decir todos, los aspectos de la vida de quienes lo toman como suyo. Después de una etapa de aprendizaje, que en muchos casos viene desde las ramas menores, se llega a  un punto en donde todo eso da más frutos que nunca, el Roverismo.

     Primero recordaremos que es ser Rover. Ser Rover significa ser un vagabundo, pero no de aquellos que van por la vida sin sentido, si no que en sentido Scout son aquellos que van por la vida buscando felicidad, navegando a través del río y remando su propia canoa, un Rover debe ser como los antiguos caballeros de la edad media, como San Jorge, que según la leyenda derrotó a un dragón, se recuerda este acto de valentía que se resume en la protección de los desamparados y el triunfo sobre la prepotencia y la injusticia y, según Baden Powell. ser Rover significa ser un hombre verdadero y buen ciudadano.

“El Roverismo no fue hecho para hacer un hombre autosatisfecho, ni tampoco un santo melancólico, sino para ayudarle a encauzar su energía alegre y joven hacia caminos que le traerán más alegría viviendo una vida digna a través de su servicio a los demás”. –Lord Baden Powell-.

     El proyecto de vida de un Rover tiene por objetivo la integración de todos los aspectos de la personalidad de un joven (Espiritual, afectivo, social y físico) y para eso se trabaja para armonizar todos ellos demostrando que cada joven tiene una misión en la vida, los impulsa a vivir con conciencia y a saber “Quién soy y para qué sirvo”, esto desemboca en una pregunta sobre la vocación en la vida en donde la respuesta aparece de manera espontánea y se plantea como una necesidad a resolver.

     La vida entendida como misión nos permite crecer como personas. Conocer la propia vocación, sea cual sea, implica estar dispuesto a realizarla. Plantearse la propia vida como misión a realizar, buscando el estar a gusto con nosotros mismos y ser útil a los demás, siendo conscientes y positivos de que la vida es un don de Dios, que no se puede desperdiciar ni degradar.

     Para concretar tu PROYECTO DE VIDA y a partir de ahí, lograr que tu plan se convierta en realidad es necesario que busques:
1.- Conocerte a ti mismo.
2.- Concretar tus prioridades de tu vida.
3.- Hacer un seguimiento de las metas que te has propuesto.

     Llénate de fuerza y ánimo para la lucha en la ejecución del propio proyecto de vida, la confianza de saber que si se lleva a cabo adecuadamente, si se cumple la propia misión, habrás encontrado la armonía interior, es decir,
te encontrarás satisfecho de ti mismo y al final de la vida tendrás tus manos llenas de servicio, que de una manera u otra habrás prestado a los demás, y la satisfacción insuperable de haber hecho lo posible por dejar este mundo un poquito mejor de lo que estaba cuando viniste a él, como pedéa Baden Powell en su último mensaje.


Belén López

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