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En está sección encontrarás Cuentos Scouts escritos con experiencias reales y algunas imaginarias, cada uno nos lleva a un momento mágico de nuestra Vida Scout: El Pueblo Libre de los Lobos | Parte I, El Pueblo Libre de los Lobos | Parte II, El Canuto Rojo, Un Tigre Ronda por Ahí,  Anikuni, Cosas de Rovers, El Monte de las Almas, La Tercera Guerra Mundial Scout, Mi Patrulla y Mis Cintas. 



15En las colinas de Seeonee, en las selvas de la India, había una manada de lobos que todos llamaban el Pueblo Libre. ¿Sabes por qué? Porque tenía una ley que respetaba y cumplía, lo que hacía a sus miembros libres y diferentes a los demás animales de la selva.
Akela, un solitario y gran lobo gris, era el jefe. Tenía mucha experiencia, por eso los guiaba cuando había que cazar y los llevaba por caminos seguros, protegiendolos de los peligros.

La manada respetaba a Akela y Akela respetaba la ley.
No lejos de allí, en las ruinas de una ciudad abandonada y que los animales de la selva llamaban con cierto desprecio las “Moradas Frías”, vivía el pueblo de los monos Bandarlog.
Molestar a los demás habitantes de la selva era su pasatiempo preferido. Encaramados en las copas de los árboles gritaban, chillaban y saltaban el día entero.
– ¡Vaya forma de pasarse la vida! – comentaban los animales.
– Muy propia de un pueblo sin ley – agregan los lobos.

Al atardecer de un caluroso día de verano estaban descansando papá lobo, Raksha -mamá loba- y sus cuatro lobatos y lobeznas, cuando llegó hasta su cubil un niño que se había perdido y que andaba huyendo de Shere Khan, el tigre cojo, que se lo quería comer.
– ¡Mira qué cosa tan extraña!- dijo mamá loba.
– ¡Pero si es un cachorro de hombre! – exclamó papá lobo.
– ¿Eso es un cachorro humano? – preguntó ella, que nunca antes había visto uno.
Tráelo para que podamos verlo de cerca – agregó.

En cuanto estuvo dentro del cubil, el niño se acercó gateando hasta donde estaban los cachorros, se acurrucó entre ellos buscando calor y, como estaba muy cansado, se quedó dormido.
– ¡Pobrecito! – dijo papá lobo- no tiene nada de pelo y es tan frágil que bastaría que yo lo tocara con la pata para matarlo.
Lo acogeremos como si fuera uno de nuestros hijos y lo llamaremos Mowgli, que en el idioma de la selva quiere decir “la rana” – susurró mamá loba.
– Tendremos que presentarlo en el Consejo de la Roca, junto con los demás cachorros – dijo papá lobo luego de unos minutos de silencio.



16Un tiempo después, bajo una hermosa luna llena, se reunió la manada en la peña del consejo. Hasta allí llegó Shere Khan en busca de la presa que, según él, le habían robado. Akela, aunque molesto por el tono soberbio con que el tigre pedía ser escuchado, le dio la palabra porque la ley de la selva señalaba que no se podía negar a nadie ese derecho.

-El cachorro de hombre que mamá loba ha presentado me pertenece; exijo que me sea devuelto- dijo Shere Khan.
Shere Khan tiene razón- dijeron al unísono algunos de los lobos que allí estaban reunidos, y agregaron -“la rana” sólo nos traerá problemas-.

Un silencio tan grande se produjo en la roca del consejo, que fue posible sentirlo hasta en las Moradas Frías. Los sapos dejaron de croar, los búhos de cantar y los monos de murmurar.

-Shere Khan ha hablado- dijo Akela, y agregó -ahora, según lo que dicta la ley que nuestro pueblo respeta, tienen derecho a hablar en defensa del cachorro humano dos miembros del pueblo libre que no sean sus padres-.
-Yo hablaré en favor del cachorro humano- gruñó levantándose en sus dos patas Baloo, el oso pardo -y en su defensa digo que ningún mal puede hacernos. Déjenlo correr en nuestras praderas y, al igual que lo he hecho con cada uno de ustedes, yo mismo le enseñaré la ley-.
-¿Quién hablará ahora?- dijo Akela -ya lo ha hecho Baloo y él es nuestro maestro de cachorros-. De nuevo reinó el silencio.

-¡Akela y vosotros, Pueblo Libre!- se escuchó la voz de Bagheera, la pantera negra, quien se había deslizado respetuosamente hacia el círculo que los lobos formaban. -Matar a un cachorro es una vergüenza- dijo, mientras cruzaba su mirada astuta y despierta con los siniestros ojos de Shere Khan. -Por otra parte, puede serles de gran utilidad en la caza cuando sea mayor. A lo que Baloo ha dicho y de acuerdo a la ley, si aceptan al cachorro humano en la manada, yo quiero agregar la oferta de un toro que acabo de cazar a poca distancia de aquí. ¿Están de acuerdo?-.

La oferta de Bagheera fue muy difícil de rehusar para los hambrientos lobos, quienes se acercaron a olfatear a Mowgli en señal de aceptación.

Y así fue como Mowgli fue recibido por el Pueblo Libre. Muchas aventuras le sucedieron desde entonces hasta el momento en que volvió, ya hecho un joven, al pueblo de los hombres.



9

Recuerdo que aquella tarde pensé que quizá no volvería a mi hogar.

El bosque ronroneaba con el soplar del viento, como si estuviera dando aviso a quien se encontrara cerca de aquel hombre herido que lentamente era cubierto por las hojas de los árboles, caídas por el violento clima de otoño. Solo podía ver el cielo, cuyos tonos se volvían naranjas a medida que pasaba el tiempo, a medida que caía la noche…a medida que perdía la esperanza.

El dolor en mi espalda por la caída se hacía insoportable y tampoco ayudaban las heridas en las piernas y en los brazos. Mis ojos pronto amenazaban con cerrarse. No quería perder la conciencia, no quería quedarme en la oscuridad, y en medio de aquella lucha de continuar o dejarme llevar por la pesadez de mis parpados, vi como una figura se acercó. Estaba a contra luz, solo podía ver su silueta. Era como si mis ojos tuvieran la vista de una imagen desenfocada. Llevaba una maleta, de eso puedo estar seguro.

Y también llevaba una pañoleta al cuello. Me pareció extraño en ese momento, pero tenía más cosas de las que preocuparme. Sentí luego un ardor en la pierna y adiviné que estaría desinfectándola. No tenía idea de que tan profundas eran las heridas, pero en el momento en que continuó con la otra sentí un dolor tan insoportable que recuerdo a mi brazo levantarse casi por voluntad propia hasta sostener la pañoleta de aquella figura.

Las fuerzas me iban abandonando de a poco, mi mano se deslizó por el pedazo de tela, llevando consigo algo que parecía plástico, duro y enrevesado. La oscuridad me envolvió de repente, creí que no soportaría aquel dolor y sería el fin…

Hasta que desperté en aquella cama, tan incómoda como puede ser la de un hospital. La habitación estaba repleta de personas que iban y venían, nadie parecía haber notado que estaba despierto. Pero mi atención fue a mi mano derecha, aquella donde sostenía ese objeto que sostuve sin saber lo que era.

Hasta el día de hoy conservo ese objeto, y puedo contar con todo orgullo, cada vez que alguien lo ve en mi cuello, la historia del canuto rojo.

Escrito por: Diego Prieto


10 ¿Quién diría que me tomaría toda la tarde subir aquella montaña? Ni siquiera en la bicicleta era lo suficientemente rápido, bien me lo había avisado mi madre en el momento en que salí; nunca me había molestado andar por la noche ni me había ocurrido nada. ¿Por qué esta noche iba a ser diferente?

La colina se volvía empinada a cada pedaleo y se me hizo extraño. Conocía este lugar como la palma de mi mano y llegado a este punto el terreno debía haberse estabilizado, en lugar de seguir subiendo. Mis piernas se iban debilitando de a poco, necesitaba llegar a terreno horizontal, al menos para bajarme a descansar y dar un respiro.

De repente, no supe en qué momento, el terreno se estabilizó. Me cogió por sorpresa e intenté repasar en mi mente el trayecto que me había trazado al salir; me di cuenta de que estaba perdido.

Dejé que la bici rodara mientras pensaba qué hacer, y escuché con detenimiento el crujir de las ramas caídas bajo las llantas, mezclándose con el sonido del viento mientras hacía rozar las hojas entre sí.

Un relámpago a la distancia iluminó el camino frente a mí, los árboles que se cernían junto al sendero, las piedras que hacían de límite para el camino y una figura humana justo frente a mí, a la que estuve a punto de atropellar. Giré el manubrio bruscamente, a tiempo para desviarme del camino y caer en el lecho junto a este; la bicicleta me golpeó las piernas. Una vez que giré la vista no había nadie en el camino.

Conseguí ponerme en pie, con un poco de dificultad, pero una vez estuve incorporado de nuevo sentí un olor conocido: el olor de la leña quemada. El cielo despejado, aunque misteriosamente sin estrellas, dejaba ver una columna de humo en la cercanía, a la que seguí sin pensarlo siquiera, como si una fuerza me guiara hasta el fuego…

Una cabaña apareció en la penumbra, con una chimenea desde la que salía el humo. La puerta de madera estaba abierta y adentro se podía distinguir la luz del fuego encendido. Dejé la bicicleta aparcada en la entrada y me adentré en la morada. Era de un solo piso, y una sola habitación, el fuego prendido desde la chimenea y una figura sentada junto a ella, desnudo. Me acerqué con cuidado, un paso, dos pasos, tres…

Y me paralicé de repente. La figura giró la cabeza lentamente y la imagen de un niño inocente se sobrepuso a la de una criatura mugrienta y mechuda, de ojos rojos y dientes afilados que gritó como si le estuviera arrancando el corazón.

Me desmayé de inmediato, y desperté a la mañana siguiente en medio del bosque, con la bicicleta tirada junto a mí. Tan pronto como abrí los ojos puse pies en polvorosa y salí de ese lugar hacia la ciudad y hacia mi hogar, con solo una horripilante imagen en la cabeza: las paredes de aquella cabaña manchadas con sangre, con un único mensaje allí.

“Shere Khan ha tomado otro cachorro de hombre”.

Escrito por: Diego Prieto


11 Había llegado el momento del gran silencio y todos nos encontrábamos en nuestras carpas, listos para una noche de merecido descanso. Pero había algo que no me dejaba dormir. Quizá se debiera al hecho de que toda la luz de la luna, llena como se encontraba aquella noche, se filtraba en mi carpa y daba una iluminación no muy apropiada para conciliar el sueño. Cerré los ojos, intenté por todos los medios quedarme dormido, pues mis compañeros de carpa empezaban a impacientarse con mis problemas para dormir, cuando no solo fue la luz lo que me hizo imposible dormir.

El viento se movía por entre el lugar del campamento, a un ritmo suave y melódico, pero era tan fuerte como para hacer rozas las hojas entre sí y producir un sonido suave, rítmico, casi como si los árboles tocaran una canción que, por increíble que parezca, se me hizo muy familiar. Mis compañeros de patrulla despertaron también con el sonido tan extraño, y el guía, naturalmente, fue el primero en salir a echar un vistazo. Todos salimos de la carpa, sin importarnos que algún jefe pudiera escucharnos, y nos pusimos al frente de la carpa, viendo la luna del mismo color de la plata.

Fue entonces cuando llegaron a nosotros los aullidos lejanos de los lobos, que fueron haciéndose cada vez más fuertes. Imaginamos que se estaban acercando al campamento, y buscamos con desesperación a quien se supone que debía estar haciendo guardia, pero no había nadie allí. Los lobos se acercaron por el este, donde el bosque era más frondoso y pronto se fijaron en nosotros. Estábamos paralizados, pues, ¿Quién no se paraliza ante un animal como ese? Pero los ojos de las criaturas no mostraban temor, ni furia. E incluso, el lobo del centro se veía sumamente familiar, aunque no supe decir de donde lo había visto.

Sin embargo, fue, quizá movido por valentía, quizá por otro sentimiento, nuestro guía quien se encargó de agitarnos. No parecía que tuviera miedo y nos instó a acercarnos a los lobos, eran exactamente cinco, el mismo número que los integrantes de nuestra patrulla. Pero los lobos no se veían interesados en nosotros, sino que se acercaron a la fogata, ya apagada y se sentaron allí, a esperar.

La patrulla se acercó silenciosamente y con cuidado, no queríamos que se alertaran. Y en el momento en que llegamos junto a las criaturas estas empezaron a silbar. Si, a silbar y a gruñir, y sus sonidos se acompasaron con la canción que no había dejado de sonar en ningún momento por el rozar de las hojas de los árboles. No me di cuenta hasta entonces que veía a los lobos a su misma altura, que parecía como si hubiera hincado las piernas tal y como solía hacerlo cuando estaba en la manada.

Vi a mi alrededor, y mis compañeros de patrulla no estaban a mi lado. A cambio, estaba acompañado por cuatro nuevos lobos que observaban con atención. Y las demás criaturas, los lobos más viejos, que habían llegado por el este, dejaron de cantar en el mismo instante en que la fogata volvió a encenderse, sola. Las llamas se alzaban rápidas y poderosas, más altas que ninguna otra fogata que yo hubiera visto antes. Y cuando estuvo lo suficientemente alta como para que todos los presentes pudiéramos verlas, un rostro apareció allí, un rostro muy antiguo, y sabio. Un rostro que solo merecía un nombre que ya todos nos sabíamos de memoria.

“Anikuni”

No supe que pasó después, solo recuerdo que todos los miembros de la patrulla nos despertamos en nuestra carpa, todos con el mismo extraño sueño en la cabeza. Cuando salimos de la carpa, alegres de ver la mañana, uno de los muchachos que estaba haciendo guardia nos miró a todos como si hubiéramos hecho algo malo y señaló el lugar donde la noche anterior habíamos prendido la fogata, allí donde un leño sobresalía más que los demás.

No, no era un leño, por lo que pudimos ver una vez que estuvimos cerca. Era el banderín de nuestra patrulla, la patrulla lobos. Estaba en perfectas condiciones, no estaba quemado, y recordábamos haberlo dejado en la carpa antes de irnos a dormir. Y ahí donde estaba la figura del lobo tejido, justo debajo, había bordado un nuevo hilo dorado con la forma de las llamas de una fogata y el nombre del espíritu del fuego.

Escrito por: Diego Prieto


12

Recuerdo todos y cada uno de los detalles de esa noche, no porque hubiera sucedido nada trascendental, sino porque de una forma u otra el recuerdo se quedó tatuado en mi memoria. Un encuentro bajo la luz de la luna, alrededor de una fogata, y brindando…

No, no puedo revelar muchos detalles, porque esa es la magia del clan, y todos aquellos que lean estas palabras sabrán lo que es cuando lleguen a esta etapa, o rememorarán sus propias experiencias y se reirán internamente; sé que yo lo haré así.

Dejémoslo por ahora en que era un encuentro, de Rovers, bajo la luna y calentados por el calor de una fogata, y compartiendo los relatos de nuestras aventuras, algunas más álgidas y sorprendentes que otras, pero todas igual de validas; al fin y al cabo, nuestros caminos son diferentes y tenemos nuestros propios retos.

Sería bueno decir que todos no encontrábamos charlando emocionados, pero la verdad es que no era así. Un joven, de aspecto cansado y taciturno se veía a lo lejos, recostado en una de las paredes del lugar, mientras observaba al resto. No llevaba nada en las manos, y estaba alejado de la fogata; seguramente tendría frío.

Así, tomé una de las bebidas calientes y me acerqué hacia él, con la mía en la otra mano. No éramos muy cercanos, lo había visto un par de veces, habíamos charlado en unas cuantas ocasiones, y sin embargo lo sentía más cercano por el simple de portar su pañoleta con orgullo; era casi imposible no sentirse hermano de alguien que hiciera honor a su uniforme, su ley y su promesa.

Pero este chico en particular tenía algo más, un encanto y una sonrisa que hacía que todos quisieran acercársele; era por demás amable y buena persona; por eso era difícil entender que una persona cualquier pudiera romperle el corazón, pero era así como había sucedido.

Una vez estuve cerca, me recibió con esa sonrisa sincera que dedicaba a todos y le pasé amablemente la bebida.

– ¿Por qué no te integras? – Le pregunté, más sorprendido por mi pregunta y mi gesto que por su posible respuesta.

– No estoy de ánimos.

Cosa extraña, pues nunca había encuentro en que él no se divirtiera. Exhalé un suspiro, intercambiamos una mirada y levanté mi vaso.

– Por esos hombres que nunca nos querrán.

Chocamos los vasos y celebramos ese brindis, para luego integrarnos a las conversaciones. Ese es el recuerdo que permanece en mi memoria, no por su intensidad, sino porque él nunca sabrá que esa noche yo estaba brindando por él.

Escrito por: Diego Prieto


13Era un lunes de verano como cualquier otro, el grupo de Tomás se había ido de campamento por diez días, Tomás estaba muy emocionado ya que sabía que al tercer día  irían a escalar  “El Monte De Las Almas”. Muchos decían que a media noche ese monte cambiaba su apariencia, que se volvía tenebroso, oscuro, como si una maldición callera sobre él, pero Tomás no tenía miedo, él era valiente, atrevido, estaría siempre listo para lo que venga.

Cuando el grupo llegó al destino todos estaban fascinados por el lugar, era un lugar hermoso lleno de vida, con muchos árboles, un enorme lago, un camino de tierra que se dirigía hacia el bosque, una cabaña que era del guardabosque. En la otra punta del lago se veía el comienzo de “El Monte De Las Almas”.

Luego de que los dirigentes hablarán con el guardabosque almorzaron y mientras lo hacían los dirigentes les platicaban sobre el lago y el monte, decían cosas sobre espíritus y cosas con las que asustar a los chicos de manada y tropa, aunque los chicos no les creían. Fue entonces cuando Tomás notó algo extraño, sentía que algo lo observaba, se le pusieron los pelos de punta al ver a esa cosa, eran unos ojos rojos que lo estaban observando, rápidamente les dijo a su dirigente:

-¿Fede que es eso?-preguntó

-¿Qué cosa?- respondió Fede

-Esos ojos rojos-dijo Tomas

-¿Qué ojos? yo no veo nada

-¿no me querrás intentar asustar?, ¿verdad?- preguntó Fede

 Cuando Tomás volvió la mirada los ojos ya no estaban.

-Seguro que fue mi imaginación-dijo Tomás con una sonrisa

Luego de comer se dividieron las secciones de cada rama, a su rama (Caminantes) le había tocado al lado del lago, lo cual era genial porque tenían una hermosa vista, se podía ver el lago azul y el reflejo del monte sobre el agua era muy lindo. Luego de hacer actividades durante todo el día se fueron a dormir a sus carpas. Tomás entró en un profundo sueño hasta que un sonido lo despertó, miró a sus lados pero no estaban sus compañeros, salió de la carpa para ver si veía a sus compañeros, pero no había nadie solo silencio y oscuridad; la luna se reflejaba en el agua del lago y hacia mucho frio, así que decidió ir a ponerse una campera y prender un fuego para calentarse. Se puso su campera favorita y se dispuso a prender la fogata mientras pensaba en dónde podrían estar sus compañeros.

-Seguro que están escondidos-dijo en voz baja

-¿Por qué se esconderían a estas horas?-dijo una voz desconocida

Tomás rápidamente volteó la cabeza hacia atrás…Se quedó helado, no podía moverse del miedo, ¿que podría ser esa cosa con ojos rojos que le hablaba y lo observaba con esa mirada tan diabólica?

-Tranquilo, no tengas miedo, no te haré daño- dijo la cosa con una voz muy grave

Tomás tomó una navaja que estaba cerca de él y le apuntaba amenazantemente a la criatura

-¿Qué es lo que eres?, ¿Qué haces aquí?, ¿qué quieres de mí?- preguntó Tomás asustado mientras le apuntaba con la navaja

-Tranquilo vengo a advertirte, estas en grave peligro y tus amigos también.

Entonces fue cuando salió de entre los arbustos, era una criatura extraña, tenía una pañoleta scout, pero no era humano, era como una bola de pelos gigante, con una gran boca, con manos largas como si fuesen sogas muy gruesas y unos pies muy grandes.

-Debo advertirte, si no te apresuras tus amigos morirán, están en la cima del monte de las almas…

Entonces Tomás despertó del sueño, estaba asustado por esa horrible pesadilla. Estaba traspirando, ese sueño fue demasiado real. Salió de la carpa y no había nadie cerca, ni siquiera las carpas  y entonces fue cuando notó una extraña luz que se veía en el monte. Tomó sus cosas y se dispuso a caminar hacia el monte, tenía que rodear todo el lago pero no importaría ya que sus amigos corrían peligro o al menos eso fue lo que le dijo esa criatura.

Caminó y caminó durante un tiempo hasta llegar a la base del monte, todavía se veía aquella luz tan extraña, comenzó a subir por el monte y en el camino algo lo detuvo, sentía que lo estaban observando y de pronto la luz se apagó. Era la primera vez que Tomás tenia tanto miedo, sentía que algo malo estaba a punto de pasar.

Siguió subiendo el monte, ya casi no le quedaba nada, pero de repente algo lo detuvo nuevamente…La luz se volvía a prender,  pero esta vez era más intensa tanto que Tomás tuvo que cerrar los ojos por un rato. Tomás estaba exhausto no podía más, pero lo logró. Ya estaba arriba del monte. Pero fue cuando vio aquella aterradora imagen, todos sus amigos y dirigentes estaban tirados en el suelo, parecían estar agonizando, Tomás corrió hacia ellos para intentar ayudarlos, entonces, sintió un fuerte golpe en la cabeza que lo desorientó y de ese golpe vio a ese monstruo de ojos rojos, todo era una trampa, ya no había nada que hacer con sus últimas fuerzas logro ver de dónde provenía aquella luz, era lo último que volvería ver, era tan hermoso de ver, era ni más ni menos que un hermoso pagoda gigante.

Escrito por: Benjamín. N. Settimi


14

Era Diciembre de 1983, y Omar se encontraba en su Primer Campamento y con sus casi 13 años aquello pintaba para una gran aventura.
El Lugar del Campamento era impresionantemente árido, y el nombre le venía como anillo al dedo, estaba lleno de arbustos espinosos, pero esto no desanimaba a Omar estaba feliz de estar en un “Campamento de Verdad”.

Al terminar la instalación del Campamento, el Jefe de Sub Campo pito llamada General y sin más explicaciones nos informó que nos preparáramos ya que esa noche Jugaríamos a “La tercera Guerra Mundial”.

Todos los Scouts de los Otros Grupos se veían emocionados pero nosotros no teníamos la menor idea de que era eso, de todas formas nuestro Guía nos dijo pónganse ropa obscura y prepárense para la Guerra.

Al terminar de Cenar, llamada General de Nuevo, Omar estaba muy nervioso pero confiaba en la experiencia de su Guía y su Sub Guía.

El Jefe de Sub Campo dio las explicaciones Generales La Guerra seria entre el Subcampo 1 y el Subcampo 3, ellos serian Los Alemanes y nosotros Los Americanos, en esos tiempos los Subcampos estaban integrados por unos 1000 Scouts y los Jefes de Subcampo animaban a sus scouts con Gritos de Guerra y Cantos que ponían el ambiente ideal para el Juego.

El Objetivo del Juego era evitar que los Alemanes encontraran Los Planos de La Bomba Atómica (Se veía fácil) y Capturar a Todos los enemigos posibles.

El Jefe de Sub Campo dijo en secreto a los Guías de Patrulla la Clave con la que nos reconoceríamos los del mismo subcampo, y mi Guía de Patrulla me dijo al oído la Clave es “Cuey” y tu contestas “Cuey Cuey”

Hasta ese momento nada se veía muy complicado, y nos sentíamos preparados para lo que se viniera enfrente.

El Jefe de Subcampo al que cariñosamente llamábamos (Zipitio) dijo en tono burlesco ustedes estarán en el frente y también ustedes y ustedes… los otros colóquense hasta atrás por si logran pasar los alemanes.

Eran aproximadamente las nueve de la noche cuando empezó todo, los de la posición de avanzada esperábamos en lo alto de la Colina para ver si algún Alemán intentaba Pasar, apaguen las Linternas dijo el Zipitio y Guarden Silencio no delaten sus posiciones.

Yo estaba pecho a tierra junto a mi Guía Ángel Mendoza y mi Sub Guía Salvador Cativo, de pronto un ruido ensordecedor se escuchó, algo como truenos pero no había señal de tormenta, ese sonido fue lo primero que me hizo creer que la cosa no sería tan fácil como pensábamos……

Luego el sonido fue creciendo y creciendo y me di cuenta que eran los Alemanes que venían marchando y pisando muy fuerte para asustarnos y lo estaban logrando muy bien.

El Zipitio se fue arrastrando al Frente para ver que es lo que pasaba y de pronto se vieron aparecer unas sombras enormes, y el ruido creció y creció los Alemanes venían Gritando jum jum jum, en ese momento ya estaba un poco asustado, al aparecer los Primeros Alemanes el Zipitio grito “ATAQUEN” no había terminado de decirlo cuando ya lo tenían agarrado unos seis alemanes y uno de ellos saltaba sobre su enorme barriga, yo ya estaba muy asustado pero saque valor y voltee a ver a mi Guía y le dije que “HACEMOS” pero ni mi Guía, ni mi Subguia seguía ahí ya iban corriendo casi llegando a los arboles donde estaban los de la Retaguardia.

Yo agarre al mas chico de la Patrulla que se llamaba Victor y le dije “CORRE” …”CORRE”….. Y Corrimos como si de eso dependiera nuestras vidas no nos importaron Los Arbustos Espinosos, ni los alambres de púas, solo queríamos poner distancia entre nosotros y aquellos Terribles Alemanes.

Seguimos corriendo casi una hora sin ninguna dirección hasta que encontramos unos arbustos lo bastante tupidos para poder escondernos, apenas estábamos agarrando aire cuando alguien nos alumbro y nos dijo cuál es la Clave… nos quedamos fríos serán amigos o enemigos … con un poco de desconfianza dije “Cuey” y los otros respondieron “Cuey Cuey” eran amigos, nos contaron que los Alemanes había capturado a la mayoría de Los Americanos y que la Guerra estaba perdida, pero Omar no se daba por vencido fácilmente y les dijo somos casi treinta si rodeamos por el rio seco saldremos atrás del Campo de Los Alemanes y atacarlos por sorpresa y liberar a nuestros amigos.

Siii dijeron todos hagámoslo, es un buen Plan… así que nos llenamos de Valor y caminamos por el rio seco que rodeaba el Campamento y como había dicho Omar salieron Justo atrás de Los Alemanes, todos tomaron valor subieron el cerco de púas y al grito de “Al ataque” saltaron al territorio de Los Alemanes… pero que sorpresa solo Omar salto ni siquiera su compañero Victor había saltado solo
escucho sus pasos alejándose rápidamente por el cauce del rio seco….

Omar estaba solo y petrificado muchas linternas le apuntaron y una vos gritaba insistentemente cual es la Clave… cual es la Clave y cuando estaba a punto de rendirse y entregarse, alguien más atrás del grito Pilin Pilin… y Omar se le unió y también dijo Pilin… y camino dentro de Territorio Alemán.

Paso por la Cárcel y a lo lejos vio a sus compañeros siendo interrogados, pero ya había sido suficiente por esa noche…. Omar siguió de Largo hasta encontrar un refugio seguro y espero a que la Guerra terminara, pasaron varias horas hasta que pitaron fin del Juego pero Omar por si acaso espero un poco mas no fuera hacer una Trampa de Los Alemanes.

Cuando estuvo bien seguro de que el Juego había terminado se dirigió a su tienda de Campana, ya sus compañero estaban ahí, todos sucios y maltratados pero todos aseguraban que no habían sido atrapados, Omar se resistió a decirles que los vio en la Cárcel Alemana para no hacerlos sentir mal.

Así termino aquel Juego y aunque fue Terrible, Omar se sentía Feliz porque ya tenía otra Aventura que contar…


15

Todo comenzó un sábado después de recibir la promesa en la tropa, yo estaba todo emocionado porque ya era un Scout y podría lucir mi pañoleta y mis borlas. Ya no era un pietierno ahora todos me respetarían, cual era mi sorpresa que mi prueba más dura estaba por comenzar.

Llegue a la casa de mi guía de patrulla como cada sábado para ir al local del grupo y no se encontraba, su hermana me entrego a cambio un papel con un mensaje en clave morse.

El mensaje decía: “Hoy los miembros del consejo de patrulla no asistiremos a la junta de tropa, por favor avísale al jefe e intégrate con otra patrulla”

Mi ilusión de llegar con mi nueva pañoleta no era tan grande como la duda por saber que era el consejo de patrulla y por qué no participaría. Así que después de acabar la junta de tropa me acerque al guía de la patrulla donde me integre y le pregunte, su respuesta me dejo completamente impactado, me dijo que ser miembro del consejo de la patrulla significaba que ya era parte de la patrulla y podía participar de las decisiones de la misma, que era el más alto honor por ser reconocido como miembro de ella y que las cintas de patrulla me identificarían como tal, mientras me las presumía en su hombro.

Entonces observe algo que no había notado ya que solo hasta aquel día solo me fijaba en las pañoletas y las borlas, note que cada patrulla portaba una combinación de colores diferentes y que los más viejos de cada patrulla eran los poseedores de las mismas.

De inmediato le pregunte al guía, ¿cómo elegiste los colores de las cintas de patrulla? y me contó que él no tuvo la fortuna de haberlos escogido ya que su patrulla se fundó hace más de 8 años pero que esto no importaba sino el portarlas con mucho orgullo y demostrar a la patrulla que era un digno merecedor de ellas además me explico el significado de cada color. También me dijo que una vez que el consejo de la patrulla decidiría si estaba listo para recibirlas y el guía en una ceremonia que nunca olvidaría me las entregaría.

Así que el domingo a primera hora llegue a la casa de mi guía para preguntarle de mis cintas de patrulla, muy molesto por levantarlo temprano me dijo que todo a su tiempo, que él me vería el lunes en la escuela y me daría los retos que debería cubrir para demostrar que estaba listo para pertenecer a mi patrulla “Carneros”.

Cual fue mi sorpresa que el lunes me entrego una papel en blanco y me dijo: Ulises anota todo lo que haga falta en la patrulla y me la entregas mañana, pues ya dijiste…. y comencé a escribir una gran lista pues era mi oportunidad de expresar todo lo que me gustaría que tuviera mi patrulla, ya que al cabo mi guía tendría que cumplirlo ya que para eso era el guía.

Al día siguiente todavía antes de verlo añadí un par de peticiones más y la entregue, después de revisarla cuidadosamente me la devolvió y me dijo ok, Ulises estos son los retos que deberás de cumplir para obtener tus cintas de patrulla y sin darme tiempo para responder se alejó del lugar.

Estaba completamente furioso y pensaba que para que tenía un guía si tendría que hacer su trabajo y con este sentimiento pase el resto de la semana.

Finalmente pensé que si algún día quería ser guía pues esta era una buena oportunidad para demostrar que podía conseguirlo, trabaje duramente tres meses en los que entre otras cosas conseguí el local de mi patrulla así como implantar un par de nuevas tradiciones y elaborar la camiseta de trabajo que nos identificaba en los juegos.

Debo admitir que mi patrulla y en especial mi guía nunca me dejaron solo con el trabajo y me ayudaron para que la lista se completara. Cuando por fin termine me sentía súper orgulloso de pertenecer a mi patrulla, cada sábado daba mi mejor esfuerzo para que ganáramos el banderín de honor y me preocupaba por que cada nuevo miembro fuera bien recibido y se sintiera aceptado.

Todavía recuerdo la ceremonia de entrega de mis cintas, como mi guía en una excursión de patrulla hablo de lo orgulloso que se sentía de tenerme con ellos y pedirme que honrara los colores de la patrulla que durante 15 años había existido en la tropa.

Esa noche cuando regrese a mi casa y colgué mi camisola en el closet no cerré la puerta y me quede dormido observando mis cintas de patrulla y descubrí que se portan en el hombro ya que solo hombro con hombro se deben compartir las alegrías y las dificultades en la patrulla…



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