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Patrono de los Lobatos

Nació en 1182 en la ciudad de Asís, en tierras de Umbría (Italia) y murió el 3 de octubre de 1226. Su fiesta se celebra el 4 de octubre. Fue un joven que poseía muchas riquezas y vivía con todas las comodidades de la época, hasta que un día viendo la miseria y pobreza de su pueblo, se reveló contra esa estructura que oprimía a los humildes,se vistió con harapos y se fue a vivir con ellos para ayudarlos a liberarse de su pobreza.
San Francisco vivía alegre, recorría con gusto los bosques y montañas ayudando a todos. Su principal mérito fue cumplir con todas sus fuerzas el Mandamiento Nuevo de Jesús “AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS COMO YO OS AME“. El amó a los hombres, como Cristo.

Francisco de Asís es uno de esos santos que nos conducen en todo lo que Dios había hecho, sabia ver hermanos. Por donde Francisco pasaba, esos hermanos vivían en paz llegando, incluso, a detener batallas al recordarles a los que peleaban que tenemos que amarnos. Su vida fue como una buena acción de años. Toda su vida. Y logró que en su deseo de hacernos hermanos a todos, hasta un lobo lo siguiese. Los Lobatos lo queremos como uno de los nuestros viejos Lobos del cielo y lo llamamos nuestro Patrono, nuestro protector.



Patrono Mundial de los Scouts

San Jorge nació en Capadocia, en el año 303. A los diecisiete años se alistó en la caballería, donde pronto se destacó por su valor.

En cierta ocasión, fue a una ciudad llamada Selem, cerca de la cual había un dragón, que tenía que ser alimentado diariamente con un ciudadano, escogido en suerte. El día que San Jorge llegó allá, la suerte había recaído sobre la hija del rey, Cleolinda. San Jorge resolvió que aquella doncella no debía morir y fue en busca del dragón, que vivía en un pantano vecino y lo mató. San Jorge es el tipo que deben seguir los Scouts.

Cuando se le presentaba una dificultad o un peligro por grande que pareciera –aun en la forma de un dragón- ni la esquivaba, ni la temía, sino que le hacía frente con todas sus fuerzas y las de su caballo. Aún cuando armado inadecuadamente, pues sólo contaba con una lanza, se arrojó contra el dragón e hizo cuanto pudo, venciendo la dificultad que nadie se había atrevido arrostrar.

De esta manera exactamente es como los Scouts deben enfrentarse a las dificultades y a los peligros, sin tomar en consideración los grandes o terroríficos que pueden parecer, o lo mal equipados que se encuentren para hacerles frente. Deberán arrastrarlos valientes y confiados, usando de todas sus fuerzas para vencerlos y las probabilidades son que saldrán victoriosos”



Patrono de los Caminantes

Francisco nació en 1506, en el castillo de Javier en Navarra, cerca de Pamplona, España. Era el benjamín de la familia. A los dieciocho años fue a estudiar a la Universidad de París, en el colegio de Santa Bárbara, donde en 1528, obtuvo el grado de licenciado. Dios estaba preparando grandes cosas, por lo que dispuso que Francisco Javier tuviese como compañero de la pensión a Pedro Favre, que sería como él jesuita y luego beato, también providencialmente conoció a un extraño estudiante llamado Ignacio de Loyola, ya bastante mayor que sus compañeros. Al principio Francisco rehusó la influencia de Ignacio el cual le repetía la frase de Jesucristo: “¿De qué le sirve a un hombre ganar el mundo entero, si se pierde a sí mismo?”.

Este pensamiento al principio le parecía fastidioso y contrario a sus aspiraciones, pero poco a poco fue calando y retando su orgullo y vanidad. Por fin San Ignacio logró que Francisco se apartara un tiempo para hacer un retiro especial que el mismo Ignacio había desarrollado basado en su propia lucha por la santidad. Se trata de los “Ejercicios Espirituales”. Francisco fue guiado por Ignacio en aquellos días de profundo combate espiritual y quedó profundamente transformado por la gracia de Dios. Comprendió las palabras que Ignacio: “Un corazón tan grande y un alma tan noble no pueden contentarse con los efímeros honores terrenos. Tu ambición debe ser la gloria que dura eternamente”.



santa

Patrona de los Caminantes

Isabel Flores de Oliva nació en Lima el 30 de Abril de 1586. Recibió la Confirmación de manos de Santo Toribio de Mogrovejo, segundo arzobispo de Lima, en el villorrio de Quives (Canta) en 1597. Ingresó en la Tercera Orden de Santo Domingo, tomando a Santa Catalina de Siena como modelo de amor a Cristo y de servicio a los más necesitados. Vivió en medio de su pueblo, y conjugó una intensa vida de piedad con una caridad plena de iniciativas en favor de los pobres y los enfermos.

En su casa familiar (hoy Santuario de Santa Rosa), dedicaba largas horas a la oración. Su fortaleza y constancia superaron obstáculos e incomprensiones -hasta de sus parientes más cercanos-. Persistió en llevar una existencia de continua entrega a Dios y al Prójimo. En una habitación de su casa acogía a enfermos abandonados de los barrios humildes, a los que atendía con sus propias manos. Vivió en profundidad el misterio de Cristo Crucificado, y si bien alcanzó momentos de plena unión mística, padeció durante mucho tiempo grandes oscuridades espirituales, desconsuelos y calumnias. Enfermedades, dolores y calenturas no la abandonaron casi nunca, sobre todo en sus últimos años.

Retirada en la casa de su bienhechora María de Uzátegui (hoy Monasterio de Santa Rosa), falleció en la madrugada del 24 de agosto de 1617, a los 31 años. Su entierro, en la Iglesia de Santo Domingo, congregó a una multitud.



Patrono de los Pioneros CSA

Ignacio de Loyola (Azpeitia, 1491 – Roma, 31 de julio de 1556) fue un religioso español, fundador de la Compañía de Jesús. Declarado santo por la Iglesia católica, fue también militar español, poeta, y se convirtió en el primer general de la congregación por él fundada.

Aprendió a ser un gentil hombre y a dominar las armas,tenía una gran afición por la lectura y la escritura, y le gustaba ser soldado para ganar honor.

se le ofrecían los deseos de imitar los santos, no mirando más circunstancias que prometerse así con la gracia de Dios de hacerlo como ellos lo habían hecho. Este deseo se ve acrecentado por una visión de la Virgen con el Niño Jesús, que provoca la definitiva conversión del soldado en religioso. De allí sale con la convicción de viajar a Jerusalén con la tarea de la conversión de los no cristianos en Tierra Santa. cuelga su vestidura militar frente a la imagen de la Virgen y abandona el mismo con harapos y descalzo. «cambiar el ideal del peregrino solitario por el de trabajar en bien de las almas, con compañeros que quisiesen seguirle en su camino».  Y juró «servir a nuestro Señor, dejando todas las cosas del mundo»

Tuvo tal mutación en su alma y ha visto tan claramente que el Padre le ponía con Cristo, su Hijo, que no sería capaz de dudar de que el Padre le ponía con su Hijo. Con esta expresión reveló la unión que desde entonces sintió con Cristo. Laínez completó estos datos, añadiendo que la visión fue trinitaria, y que en ella el Padre, dirigiéndose al Hijo, le decía: «Yo quiero que tomes a éste como servidor tuyo» y Jesús, a su vez, volviéndose hacia Ignacio, le dijo: «Yo quiero que tú nos sirvas».



Patrono de los Rovers

Saulo, que después de convertido se llamó Pablo —esto es, “pequeño”—, nació en Tarso de Cilicia, tal vez en el mismo año que Jesús, aunque no lo conoció mientras vivía el Señor. Sus padres, judíos de la tribu de Benjamín (Rom. 11, 1; Filip. 3, 5), le educaron en la afición a la Ley, entregándolo a uno de los más célebres doctores, Gamaliel, en cuya escuela el fervoroso discípulo se compenetró de las doctrinas de los escribas y fariseos, cuyos ideales defendió con sincera pasión mientras ignoraba el misterio de Cristo. No contento con su formación en las disciplinas de la Ley, aprendió también el oficio de tejedor, para ganarse la vida con sus propias manos. El Libro de los “Hechos” relata cómo, durante sus viajes apostólicos, trabajaba en eso “de día y de noche”, según él mismo lo proclama varias veces como ejemplo y constancia de que no era una carga para las iglesias (véase Hech. 18, 3 y nota).

Las tradiciones humanas de su casa y su escuela, y el celo farisaico por la Ley, hicieron de Pablo un apasionado sectario, que se creía obligado a entregarse en persona a perseguir a los discípulos de Jesús. No sólo presenció activamente la lapidación de San Esteban, sino que, ardiendo de fanatismo, se encaminó a Damasco, para organizar allí la persecución contra el nombre cristiano. Mas en el camino de Damasco lo esperaba la gracia divina para convertirlo en el más fiel campeón y doctor de esa gracia que de tal modo había obrado en él. Fue Jesús mismo, el Perseguido, quien —mostrándole que era más fuerte que él— domó su celo desenfrenado y lo transformó en un instrumento sin igual para la predicación del Evangelio y la propagación del Reino de Dios como “Luz revelada a los gentiles.”



Patrona de los Rovers

Teresa nació en Ávila el 28 de marzo de 1515. A los dieciocho años, entra en el Carmelo. A los cuarenta y cinco años, para responder a las gracias extraordinarias del Señor, emprende una nueva vida cuya divisa será: «O sufrir o morir». Es entonces cuando funda el convento de San José de Ávila, primero de los quince Carmelos que establecerá en España. Con San Juan de la Cruz, introdujo la gran reforma carmelitana. Sus escritos son un modelo seguro en los caminos de la plegaria y de la perfección.

Murió en Alba de Tormes, al anochecer del 4 de octubre de 1582. Pablo VI la declaró doctora de la Iglesia el 27 de septiembre de 1970.

Se cree que la palabra “Teresa” viene de la palabra griega “teriso” que se traduce por “cultivar”; cultivadora. O de la palabra “terao” que significa “cazar”, “la cazadora”. Como bien dice el Padre Sálesman en su biografía, ambos títulos le quedan bien a Santa Teresa, por ser ella “Cultivadora” de las virtudes y “cazadora” de almas para llevarlas al cielo.



Patrono de los Dirigentes

San Pedro, primer Papa, llamado también príncipe de los apóstoles, figura en primer lugar en todas las enumeraciones de apóstoles del Nuevo Testamento (Mt 10, 3; Mc. 3, 18; Lc 6, 14; Hch 1, 13). Ocupa un lugar principal entre los Doce, siendo protagonista de muchos episodios en el Evangelio. Nació en el pueblo galileo de Betsadia. Junto con su hermano Andrés y los hijos de Zebedeo, se dedicaba al oficio de pescador.

El nombre de Pedro era Simón. El Señor Jesús se lo cambia por Cefas, que quiere decir “piedra” (Jn 1, 41-42). En uno de los pasajes más significativos de la Escritura, vemos a Pedro afirmando que Jesús es “el Cristo, el hijo de Dios vivo” (Mt 16, 16). En respuesta, el Señor Jesús lo confirma como la “piedra” sobre la cual la Iglesia será edificada, le otorga las llaves del Reino de los Cielos y la potestad de “atar y desatar” (Mt 16, 18-19). Debido a esto se le representa popularmente con un par de llaves, que son su atributo característico. Por ello también es patrono de los porteros y fabricantes de llaves.

Junto con Santiago y Juan, Pedro pertenecía al grupo de los más allegados a Jesús. Está presente en el milagro de la resurrección de la hija de Jairo (Mt 9,18ss; Mc 5, 21ss; Lc 8,40ss), en el episodio de la transfiguración (Mt 17, 1-13; Mc. 19, 2-10; Lc 9, 28-36) y en la oración en el monte de Getsemaní (Mt 26, 36-45; Mc 14, 32-42). Suele también ser representado junto a San Juan debido a los varios episodios en los cuales los dos aparecen asociados, especialmente la carrera al sepulcro vacío (Jn 20, 1-10)



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