En el libro de la historia argentina, se guarda un capítulo oscuro y aterrador dirigido por la represión, la dictadura y la infamia. Cuarenta y tres años más tarde, jóvenes y adultos cuelgan sus pañuelos sobre sus hombros, levantan banderas y carteles, y alzan sus voces para conmemorar el Día de la Memoria, la Verdad y la Justicia.

Este 24 de marzo, movilizaciones, marchas y relatos, dieron vida a los hermanos scouts que jamás volvieron, en distintos puntos del país. Se estima que alrededor de 30.000 personas fueron desaparecidas durante el Proceso de Reorganización Nacional de 1976, y que, desde ese entonces, el pueblo dice “Nunca Más” a la injusticia, al temor, al silenciamiento de ideologías y valores. Entre estos últimos, se hallaba la esencia del ser scout, de vivir y transmitir las virtudes e ideales, de servir y ayudar a quien lo necesitara; aunque en esa época, cegada de crueldad y desamparo, fueron quienes pagaron las duras consecuencias de la desaparición.

Desde la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Enzo Resino nos comparte su testimonio acerca de la jornada vivida, mencionando a los colectivos que dieron pie a la convocatoria: Scouts por la Memoria y Scouts con memoria construyen futuro. Ambos pilares invitaron, mediante redes sociales, a quienes quisieran y sintieran la necesidad de participar, de construir un mundo mejor.

“Creo que un mundo mejor lo hacemos entre todos con memoria, recordando el pasado para no cometer esos errores en el ahora” reflexiona Enzo, acongojado por el recuerdo de los 70 scouts que conforman la lista de desaparecidos en Scout de Argentina A.C. Poner estos temas en circulación ayuda y ejercita la memoria colectiva, motiva a la construcción de una mejor sociedad y lucha por el reconocimiento histórico de quienes ya no están.

La emotividad del evento se manifestó al alzar la vista hacia las fotografías, hacia las abuelas y madres de Plaza de Mayo (mujeres que luchan por encontrar a los nacidos en la clandestinidad de la Dictadura), hacia las banderas y pancartas que llevaban inscriptos cientos y cientos de nombres que nunca han vuelto. El deseo de que aparezcan es lo que los mantiene vivos, lo que genera vida dentro de los sobrevivientes y lo que da fuerza a quienes proyectan a partir de la memoria.

A kilómetros de Capital Federal, en la ciudad de Rosario (provincia de Santa Fé) miembros del Fogón Virtual Scout, junto con sus compañeros de la Zona 19, también llevaron a cabo actividades en conmemoración a esta fecha.

La comunidad santafesina cuenta con el Bosque de la Memoria, donde año a año se siembran árboles cada 24 de marzo, seguido de un acto ceremonial. Luego, la plaza vuelve a ser escenario de reunión y concentración de los militantes por la historia, quienes continúan su recorrido hasta el Museo de la Memoria, el cual resguarda fotografías, documentos y archivos referentes a la época.

“Sean 30.000 o sean 10, no debe pasar Nunca Más esta represión al pensamiento, esta atrocidad en contra del pueblo” comenta Emanuel Fiore. “Nosotros fuimos como scouts para conmemorar y nunca olvidar lo que hicieron nuestros hermanos en esa época, que es ser lo que nosotros juramos ser, que es ayudar a todos tanto en las buenas como en las malas, con una sonrisa en las dificultades”.

Junto a él, la coordinadora regional, Verona Cosenza se suma al colectivo que lucha por hacer justicia y descubrir las certezas reprimidas en aquel entonces. Desde la familia y el colegio comienza esta toma de consciencia, donde Verona descubre que no se puede vivir ajeno a esta realidad, que nos involucra de alguna u otra manera. “Como scouts, y personas políticas, debemos trabajar por el bien común”. Además de formar parte, se entiende a esta fecha como una oportunidad de apoyar a la gente que desapareció, a sus familias, a las abuelas de Plaza de Mayo y de mantener este día en la historia. “Creo que es una forma de manifestarnos por la democracia y por lograr que estas cosas no vuelvan a pasar”.

Dentro de los testimonios rosarinos, Rocío Bacolla apunta más allá del Movimiento Scout y pone a la cuestión ciudadana y educativa sobre la mesa: “Desde que me contaron sobre los 21 desaparecidos que iban a mi escuela, me empecé a movilizar y a pedir justicia por ellos, que eran personas como yo o cualquiera de mis compañeros”. Continúa argumentando acerca de que su actual motivo de lucha no es más ni menos porque cada persona pueda hacer valer su voz y sus derechos.

Este libro no ha finalizado aún, porque los lápices siguen escribiendo y los pañuelos scouts siguen gritando a viva voz por construir una nueva historia, colmada de esperanza y justicia, de revolución y seguridad. ¿De qué sirve tener pensamientos e ideales sino se gozan ni se comparten con la sociedad? Para ello, es necesario conservar el respeto y empoderar a los protagonistas del nuevo mundo, ya que sus manos construyen y sus derechos sostienen las firmes riendas del bienestar, el compañerismo y la libertad.

Agostina De Roia