Desde los comienzos del Escultismo la competitividad ha sido una herramienta utilizada para infundir pasión y determinación en los niños y jóvenes. 

Baden Powell cuenta en  “Escultismo para muchachos” como las patrullas debían ser organizadas de manera tal que estuvieran en constante aspiración a ser la primera de la tropa.

Así como también nos comparte cantidades de juegos en los que, de diversos métodos, se declara a un ganador definitivo. 

Basta con ser partícipe de un par de actividades ordinarias  para notar que esa carga de adrenalina no se ha perdido con los años. 

En la actualidad…

En el Escultismo moderno siguen existiendo juegos y actividades de destreza física; pero eventualmente se ha complementado con todo tipo de actividades, muchas que impulsan el crecimiento de los muchachos por medio de programas de formación y equipos estratégicamente estructurados en busca de un objetivo en común. 

En estos escenarios aún puede presentarse la competitividad de distintas maneras; si bien esta puede traer beneficios, si no se modera ni se le da un enfoque noble, puede ser perjudicial para el desarrollo de los involucrados.

Si la competencia no se controla, puede fomentar la propagación de emociones nocivas como la envidia y el egocentrismo. 

Consejos

Para mantener un ambiente sano en nuestro movimiento, aquí traemos algunas sugerencias.

  • Tener una mentalidad de abundancia: El éxito de los demás no significa nuestro fracaso. 

Si no obtenemos lo que esperábamos a la primera, podemos esforzarnos más para obtener la victoria la segunda vez. 

Esto no suele ser algo sencillo, pero creo que debemos enfocarnos en lo importante que es para nosotros lograr nuestro objetivo, y no solo hacerlo porque otro nos lo solicita

  • Valorar las distintas cualidades: Todos somos buenos en algo, pero es muy difícil ser buenos en todo.

La clave está en valorar nuestros talentos y los de los demás, esto nos hace dejar por un lado las comparaciones y comprender que todos somos únicos e importantes a nuestra manera. 

  • La competencia más sana es contra uno mismo: Mantener siempre un punto de vista realista en lo que está a nuestro control y lo que no, nos ayuda a poder ver claramente la diferencia entre la competitividad y la obsesión. Recordar que el objetivo es mejorarnos a nosotros mismos. 

La competitividad debe ser una herramienta para impulsar nuestro desarrollo y crecimiento, el uso que se le dé y los resultados dependen de nosotros.

En esta nueva normalidad no es necesario eliminar todas las prácticas, si las adecuamos y las integramos a nuestras nuevas metas.   

También podemos ver esto en la etapa más adulta, en la etapa Rover del movimiento. Cuando se le entrega a un compañero de Comunidad o Clan la insignia de máxima superación, es porque esa persona logró llegar a un lugar que ella misma se propuso, y nosotros debemos tomarlo como un ejemplo de lo que queremos lograr, no como un rival.

Los invitamos a todos, no importa la edad en la que estés leyendo esto, a que te impulses a dar lo mejor de vos para lograr tus objetivos, y si aún no sabes cuales son tus objetivos, a examinar tu vida y encontrarlos, ya que es clave para nuestro desarrollo tener nuestras ideas claras.

Lorenzo Calderón y Melissa Meitin