El fuego y el rito son dos palabras que van de la mano. Si hay lumbre, hay ceremonia. Algo queremos solemnizar. Desde el descubrimiento de su encendido, hasta las danzas rituales, son evidencia que la luz de la llama es una atracción ancestral.

Para nosotros, los Scout, el fogón constituye el momento quizás más espiritual que tiene un campamento. Es el encuentro donde los miembros se reúnen y se entregan a la luz, el calor y la unidad que provoca el fascinante poder del fuego. 

De brazos entrelazados formando un círculo de amistad

Velada es sinónimo de fraternidad, de solemnidad, de agradecimiento, donde las llamas provocan un sentimiento de seguridad ante la penumbra que brinda la noche. Disponerse en forma de círculo invita a participar, a formar parte, a hacerse compañía entre hermanos.

¿Por qué motivo previo al encendido del fuego se busca mantener la lobreguez? La oscuridad exterior debe ser vencida, el calor de la llama nos hace sentir escudados, protegidos, y refugiados.

Prácticas bien resguardadas

Toda fogata tiene consigo cierta mística, cierta tradición y cultura. Mantener encubierto el lugar donde se llevará a cabo, sentarse sobre troncos, la disposición del grupo, las palabras introductorias, la vestimenta. Son todos símbolos que representan la costumbre y los códigos que se deben mantener. 

Dejemos aflorar la vivacidad interna

No hay momento donde la chispa espiritual que existe dentro nuestro, no se vea tan elevada como sucede en la ceremonia de encendido y en las canciones preambulares. “No es más que un hasta luego, no es más que un breve adiós”, son las palabras que sellan y le dan un cierre a la velada, dando paso al momento de la introspección

El fogón debe concedernos una exteriorización individual y colectiva, ¿cómo? a través de las representaciones, danzas, demostraciones; siempre y cuando prime la profundización reflexiva

Lucía González.

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