Cada una de las piezas que conforman la investidura Scout, para nuestro fundador, tienen una razón “casi espiritual”. Lejos de representar una tendencia, el uniforme busca la igualdad y deja de lado la disparidad. Nos hace miembros de esta gran hermandad salvando las disimilitudes coexistentes entre países, razas y credos. 

Todo gracias a un sombrerero

Sudáfrica, hacia fines del año 1800, fue el epicentro para el desencadenamiento de varios conflictos. Baden Powell, británico, tras su llegada a África durante la Guerra Anglo-Zulú, adopta el sombrero que llevaban Los Boers, colonos de origen neerlandés. 

Pero, ¿cuál fue su origen realmente? Los ejemplares inéditos son americanos, se denominan bajo el nombre de “Boss of the Plains”, Señor de las llanuras y fueron confeccionados por el sombrerero, John B. Stetson. Su primer modelo no es más que un sombrero de fieltro con una corona lo suficientemente alta para que actúe como una cámara de aire; y un ala ancha para proteger del sol.  

Marcas que quedan impregnadas

Eso sí, la forma original no corresponde a la que conocemos hoy en día, la parte superior era totalmente redondeada. Cada uno lo amoldaba a su gusto, las cuatro depresiones nacen del simple hecho de tomarlo por arriba con los dedos y con el tiempo irle imprimiendo las marcas. 

B. P. tan útil lo encontraba por el amparo que brindaba, que lo introdujo al uniforme del Cuerpo de Alguaciles de Sudáfrica con las cuatro abolladuras simétricas como elemento distintivo. De esta forma, fue que quiso además hacerlo parte de la vestimenta Scout. Su primera aparición se destaca en las portadas de los seis fascículos de “Escultismo para Muchachos”.  


Un tropezón no es caída

Los cuatro pozos denotan los escollos, las dificultades y los obstáculos que debe sobrepasar el Scout para mantenerse en el camino recto que nos conduce hacia el éxito. Hay que estar atento, cada uno de ellos puede provenir de cualquier punto, sea desde el norte, sur, este u oeste

El llevar el sombrero nos recuerda el estar alerta, estar preparado, dispuesto y en modo de servicio para atajar los golpes habituales con los que nos podemos encontrar en nuestra cotidianeidad. Tropezones con los que iremos forjando y dándole forma a nuestro camino de la vida.  

Lucía González.

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